AI Act: qué cambia para las empresas el 2 de agosto y cómo cumplir con las nuevas obligaciones de la Inteligencia Artificial
La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo diario de miles de empresas. Desde abogados que redactan escritos con IA hasta departamentos de recursos humanos que analizan currículums o compañías que automatizan la atención al cliente.
Sin embargo, a partir del 2 de agosto entra en vigor una nueva fase del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act) que introduce obligaciones adicionales para organizaciones que desarrollan, comercializan o utilizan determinados sistemas de IA.
Aunque gran parte del debate se ha centrado en empresas como OpenAI, Anthropic, Google o Microsoft, la realidad es que las nuevas exigencias también afectan a despachos de abogados, asesorías jurídicas, consultoras, empresas y administraciones públicas que utilizan herramientas de inteligencia artificial en su actividad diaria.
La buena noticia es que la mayoría de organizaciones pueden prepararse con una adecuada estrategia de gobernanza de IA. En este artículo analizamos qué cambia exactamente y cómo adaptarse.
¿Qué es el AI Act?
El AI Act es el Reglamento (UE) 2024/1689, aprobado por la Unión Europea para establecer un marco jurídico común sobre el desarrollo y utilización de sistemas de inteligencia artificial.
Su objetivo es conseguir un equilibrio entre:
- fomentar la innovación;
- proteger los derechos fundamentales;
- garantizar la seguridad de los ciudadanos;
- aportar confianza al mercado.
A diferencia de otras normas, el AI Act adopta un enfoque basado en el riesgo. No todas las aplicaciones de IA tienen las mismas obligaciones. Cuanto mayor sea el riesgo que genera un sistema, mayores serán las exigencias legales.
¿Qué entra en vigor el 2 de agosto?
El AI Act se aplica de forma escalonada. Tras la entrada en vigor inicial y las primeras obligaciones relativas a prácticas prohibidas y alfabetización en IA, el 2 de agosto supone un nuevo hito regulatorio, especialmente para los proveedores de modelos de propósito general (General Purpose AI Models o GPAI) y para el ecosistema empresarial que interactúa con ellos.
Además, los Estados miembros deberán continuar desarrollando su estructura de supervisión y aplicación. Aunque muchas obligaciones recaen sobre los desarrolladores de modelos, las empresas usuarias también deben comenzar a implantar políticas internas que demuestren un uso responsable de la IA.
¿A quién afecta?
En la práctica afecta a:
- Despachos de abogados.
- Asesorías jurídicas.
- Departamentos legales internos.
- Consultoras.
- Empresas que utilizan ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot.
- Administraciones públicas.
- Empresas tecnológicas.
- Startups.
Especialmente cuando utilizan IA para:
- elaborar documentos;
- analizar contratos;
- automatizar procesos;
- atender clientes;
- clasificar información;
- apoyar decisiones.
1. Gobernanza de la Inteligencia Artificial
Uno de los conceptos más importantes que introduce el AI Act es la gobernanza de IA. Ya no basta con utilizar herramientas de inteligencia artificial.
Las organizaciones deben ser capaces de demostrar que conocen:
- qué herramientas utilizan;
- para qué las utilizan;
- quién las utiliza;
- qué riesgos generan;
- qué controles existen.
En la práctica conviene elaborar un inventario de sistemas de IA utilizado dentro de la empresa.
Este inventario debería identificar:
- proveedor;
- finalidad;
- responsables;
- datos utilizados;
- nivel de riesgo;
- medidas de supervisión humana.
2. Transparencia en el uso de la IA
La transparencia es uno de los principios fundamentales del Reglamento. Los usuarios deben conocer cuándo interactúan con sistemas de inteligencia artificial en aquellos supuestos previstos por la normativa.
Además, internamente resulta recomendable:
- informar a empleados;
- documentar los usos permitidos;
- definir políticas internas;
- establecer límites de utilización.
Especialmente cuando se utilizan herramientas generativas para elaborar informes, contratos o documentación jurídica.
3. Formación obligatoria sobre Inteligencia Artificial
Uno de los aspectos que muchas empresas están pasando por alto es la obligación de promover una adecuada alfabetización en IA (AI Literacy). No basta con adquirir una licencia de ChatGPT o cualquier otra plataforma.
Los empleados deben comprender:
- cómo funciona la IA;
- cuáles son sus limitaciones;
- cuándo puede cometer errores;
- cómo supervisar sus respuestas;
- qué riesgos legales existen.
En sectores regulados como el jurídico esta formación adquiere una importancia aún mayor.
4. Revisión de contratos con proveedores de IA
Muchas empresas utilizan herramientas de IA sin haber revisado adecuadamente las condiciones contractuales.
Conviene analizar aspectos como:
- tratamiento de datos;
- confidencialidad;
- propiedad intelectual;
- responsabilidad;
- subencargados;
- ubicación de los servidores;
- cumplimiento del RGPD.
También resulta recomendable verificar si el proveedor ofrece garantías de cumplimiento con el AI Act.
5. Protección de datos y confidencialidad
El uso de inteligencia artificial suele implicar tratamiento de datos personales. Por ello el AI Act no sustituye al RGPD. Ambas normas convivirán.
Las empresas deben revisar:
- qué información introducen en la IA;
- si existen datos personales;
- si aparecen datos confidenciales;
- si existen secretos empresariales;
- si se anonimiza la información cuando resulta necesario.
En despachos de abogados este punto resulta especialmente sensible debido al secreto profesional.
6. Supervisión humana
La inteligencia artificial no sustituye la responsabilidad del profesional. Especialmente en ámbitos jurídicos. El AI Act insiste en la necesidad de mantener una supervisión humana adecuada. Esto significa que las decisiones relevantes no deberían adoptarse exclusivamente mediante IA. La revisión jurídica continúa siendo imprescindible.
7. Documentación y evidencia de cumplimiento
Las autoridades podrán exigir que las organizaciones acrediten determinadas medidas de cumplimiento.
Por ello conviene conservar evidencia documental de:
- políticas internas;
- formación realizada;
- inventario de herramientas;
- evaluaciones de riesgos;
- procedimientos de revisión;
- responsables designados.
Una buena documentación reduce riesgos regulatorios y facilita auditorías futuras.
¿Qué deben hacer los despachos de abogados?
Los despachos se encuentran entre los sectores donde la IA está creciendo con mayor rapidez.
Hoy es habitual utilizar inteligencia artificial para:
- redactar demandas;
- analizar jurisprudencia;
- resumir contratos;
- preparar estrategias procesales;
- revisar normativa;
- elaborar informes jurídicos.
Precisamente por ello deben implantar mecanismos de control adicionales.
Las mejores prácticas incluyen:
- política interna de uso de IA;
- formación periódica;
- supervisión profesional obligatoria;
- control de confidencialidad;
- herramientas jurídicas especializadas;
- trazabilidad de las fuentes jurídicas utilizadas.
¿Por qué utilizar una IA jurídica especializada?
No todas las inteligencias artificiales están diseñadas para el ámbito legal.
Las plataformas generalistas pueden generar respuestas útiles, pero también pueden:
- inventar jurisprudencia;
- citar normas derogadas;
- omitir modificaciones legislativas;
- carecer de trazabilidad.
Por ello cada vez más profesionales utilizan soluciones especializadas como Prudencia.ai, desarrolladas específicamente para el sector jurídico.
Una IA jurídica especializada aporta ventajas como:
- acceso a normativa consolidada;
- análisis de jurisprudencia;
- trazabilidad de fuentes;
- reducción de alucinaciones;
- asistencia adaptada al trabajo diario del abogado;
- colaboración entre equipos;
- gestión documental integrada.
Además, facilita que los profesionales puedan mantener siempre la supervisión jurídica exigida tanto por el AI Act como por las normas deontológicas.
Checklist práctico para preparar tu empresa antes del 2 de agosto
Antes de la entrada en vigor de este nuevo paquete de obligaciones conviene revisar si tu organización dispone de:
Inventario de herramientas de IA.
Política interna de uso de inteligencia artificial.
Formación para empleados.
Revisión contractual con proveedores.
Evaluación de riesgos.
Procedimientos de supervisión humana.
Medidas de protección de datos.
Documentación de cumplimiento.
Conclusión
El AI Act marca un cambio de paradigma en Europa. La inteligencia artificial deja de ser únicamente una cuestión tecnológica para convertirse también en una cuestión de gobernanza, cumplimiento normativo y gestión del riesgo.
Las organizaciones que comiencen ahora a implantar políticas de uso responsable estarán mejor preparadas para afrontar las futuras obligaciones regulatorias y, al mismo tiempo, aprovecharán todo el potencial de la inteligencia artificial con mayor seguridad jurídica.
En el caso de los despachos de abogados, contar con herramientas especializadas como Prudencia.ai no solo mejora la productividad, sino que también facilita un uso más seguro, trazable y alineado con las exigencias del AI Act. La combinación de IA especializada, supervisión humana y buenas prácticas de cumplimiento será uno de los principales factores diferenciales para el ejercicio de la abogacía en los próximos años.
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