El TSJA advierte sobre el uso de IA en apelaciones: cómo conseguir más “densidad jurídica” con IA jurídica especializada
La inteligencia artificial ya está entrando en los escritos que llegan a los tribunales españoles. Y una reciente resolución de la Sala de lo Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha puesto encima de la mesa una cuestión especialmente relevante para los abogados que utilizan IA.
El tribunal no cuestiona que un abogado pueda utilizar inteligencia artificial para preparar un recurso de apelación. Al contrario: reconoce que estas herramientas pueden ayudar a mejorar, concretar, afilar y organizar la argumentación jurídica.
El problema aparece cuando se utiliza la IA simplemente para generar texto. El TSJA lo resume con una expresión especialmente acertada: “La brillantez sintáctica encubre un vacío de densidad jurídica”.
La cuestión, por tanto, no es IA sí o IA no. La verdadera pregunta es: ¿Cómo utilizar inteligencia artificial para conseguir más densidad jurídica y no simplemente escritos más largos y aparentemente sofisticados? Ahí es donde existe una diferencia importante entre utilizar un modelo generalista para redactar y trabajar con una IA jurídica especializada.
¿Qué significa que un escrito tenga “densidad jurídica”?
Un escrito no tiene mayor densidad jurídica porque incluya más latinismos, más citas o más páginas. Tiene densidad jurídica cuando prácticamente cada argumento contribuye a defender la posición de la parte.
En un recurso de apelación, por ejemplo, debería existir una relación clara entre: hecho → prueba → resolución recurrida → error que se denuncia → norma aplicable → jurisprudencia → argumento → consecuencia jurídica.
Cuanto más sólida sea esa cadena, mayor será la densidad jurídica del escrito. El problema de utilizar una IA únicamente como generador de texto es que puede producir exactamente lo contrario. Mucho texto alrededor de muy poco argumento.
El error: pedir directamente a la IA “redacta un recurso de apelación”
Imaginemos que incorporamos una sentencia a una inteligencia artificial y escribimos: “Redacta un recurso de apelación contra esta sentencia.”
Probablemente recibiremos un documento perfectamente estructurado. Tendrá introducción, fundamentos, conclusiones y un lenguaje aparentemente jurídico. Pero eso no significa que sea un buen recurso.
La IA puede rellenar los espacios existentes entre los verdaderos argumentos mediante explicaciones generales, repeticiones, consideraciones doctrinales o frases que suenan convincentes. Precisamente el riesgo sobre el que advierte el TSJA. La forma de obtener mejores resultados es cambiar completamente el flujo de trabajo. Primero investigar y razonar. Después redactar.
Cómo conseguir mayor densidad jurídica utilizando IA
Una IA jurídica especializada debería utilizarse en diferentes capas.
1. Incorporar todo el expediente, no solamente la sentencia
El primer error consiste en pedir a la inteligencia artificial que analice una resolución sin conocer suficientemente el asunto.
Para comprender realmente un recurso puede necesitar:
- Demanda.
- Contestación.
- Documentos.
- Informes periciales.
- Actas.
- Alegaciones.
- Sentencia.
- Resoluciones anteriores.
La IA puede utilizar esta documentación para reconstruir el asunto antes de empezar a redactar. Por ejemplo: “Analiza el expediente completo. Identifica los hechos controvertidos, la posición de cada parte, las pruebas utilizadas para acreditar cada hecho y el razonamiento seguido por el tribunal.” Ahora todavía no estamos redactando, estamos construyendo contexto.
2. Descomponer el razonamiento de la sentencia
El siguiente paso consiste en comprender exactamente por qué el tribunal ha decidido lo que ha decidido.
Puede pedirse: “Analiza la sentencia e identifica separadamente los hechos considerados probados, la valoración de la prueba, las normas aplicadas, la jurisprudencia utilizada y los razonamientos que conducen al fallo.”
Esto permite obtener una especie de mapa de la sentencia. Y ese mapa es mucho más útil para preparar una apelación que un resumen genérico.
3. Buscar puntos débiles antes de redactar argumentos
Ahora podemos pedir a la IA: “Compara los argumentos de la sentencia con la documentación del expediente e identifica posibles contradicciones, omisiones, cuestiones no respondidas o puntos jurídicos que deberían analizarse con mayor profundidad.”
La diferencia es importante. No estamos diciendo: “Dame argumentos para recurrir.” stamos preguntando: “¿Dónde puede existir realmente un problema?” Eso obliga a trabajar mucho más cerca del caso concreto.
4. Añadir normativa vigente
Una argumentación gana densidad cuando deja de ser puramente discursiva y se conecta con las normas realmente aplicables. Una IA jurídica especializada puede ayudar a identificar la legislación relevante y comprobar su vigencia.
Podemos preguntar: “Para cada posible motivo de impugnación, identifica la normativa vigente que resulte directamente aplicable y explica exactamente qué relación tiene con el error que se pretende denunciar.”
De esta manera evitamos llenar el escrito de referencias legales que son correctas pero poco relevantes.
5. Añadir jurisprudencia verificable
Aquí aparece una de las grandes diferencias entre generar texto jurídico con IA y realizar verdadera investigación jurídica con IA. No necesitamos diez sentencias que hablen vagamente del mismo tema. Necesitamos las resoluciones que apoyen exactamente nuestra interpretación.
La consulta debería ser mucho más precisa: “Localiza jurisprudencia que haya resuelto esta cuestión jurídica concreta. Prioriza resoluciones cuya fundamentación jurídica sea aplicable al problema analizado y explica qué criterio establece cada una.”
Y existe una condición imprescindible: las sentencias deben poder verificarse.
Una referencia inventada no aporta densidad jurídica. Destruye la credibilidad de todo el escrito.
6. Buscar también jurisprudencia contraria
Este paso es especialmente importante. Una mala utilización de la IA consiste en pedirle únicamente argumentos que confirmen nuestra posición. Una buena utilización consiste en pedirle también que intente desmontarla.
Por ejemplo: “Busca jurisprudencia que pueda utilizar la parte contraria para rechazar este argumento y explica cómo podría distinguirse nuestro supuesto.”
Esto permite conocer las debilidades antes de presentar el recurso. Y aporta mucha más profundidad jurídica.
7. Pedir a la IA que actúe como la parte contraria
Antes de redactar definitivamente el recurso: “Actúa como abogado de la parte contraria. Analiza estos motivos de apelación e identifica sus cinco principales debilidades. Señala qué argumentos utilizarías para solicitar su desestimación.”
La IA deja de ser simplemente una máquina que confirma nuestra tesis. Se convierte en una herramienta para estresar el razonamiento jurídico.
8. Pedir a la IA que actúe como tribunal
Podemos ir todavía un paso más allá: “Analiza estos motivos desde la perspectiva del tribunal. Para cada uno, explica qué necesitarías encontrar en el recurso para considerar suficientemente acreditado el error denunciado y cuáles serían los motivos más probables para rechazarlo.”
Esto obliga a mirar el escrito desde la perspectiva de quien tendrá que decidir.
9. Crear una matriz de argumentación jurídica
Antes de redactar, puede construirse una tabla como esta:
| Motivo | Hecho | Prueba | Error denunciado | Norma | Jurisprudencia | Contraargumento |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Motivo 1 | Hecho relevante | Documento/prueba | Error concreto | Norma aplicable | Sentencia verificable | Posible oposición |
| Motivo 2 | Hecho relevante | Documento/prueba | Error concreto | Norma aplicable | Sentencia verificable | Posible oposición |
Esta matriz obliga a que cada argumento tenga fundamento. Si tenemos tres páginas de argumentación pero no podemos completar esas columnas, probablemente exista mucho texto y poca densidad jurídica.
10. Solo entonces pedir a la IA que redacte
Después de todo ese trabajo, sí tiene sentido solicitar: “Redacta el motivo primero del recurso utilizando exclusivamente los hechos, pruebas, normativa y jurisprudencia que hemos identificado. Evita consideraciones generales, repeticiones y afirmaciones que no contribuyan directamente a acreditar el error denunciado.”
La diferencia respecto al primer prompt es enorme. La IA ya no tiene que “inventarse” una argumentación. Tiene que convertir una investigación jurídica previa en un escrito.
Y después hacer algo aparentemente contradictorio: pedirle que lo acorte
Este último paso conecta directamente con la advertencia del TSJA. Una vez preparado el borrador: “Revisa este motivo e identifica párrafos repetitivos, argumentos circulares, explicaciones generales y frases que puedan eliminarse sin reducir la fuerza jurídica del recurso.”
Incluso puede pedirse: “Reduce aproximadamente un 30 % la extensión manteniendo intactos todos los argumentos jurídicamente relevantes.” Una buena utilización de la IA no debería producir necesariamente escritos más largos. Puede producir escritos más concentrados.
IA generalista frente a IA jurídica especializada
Aquí aparece una diferencia fundamental. Una IA generalista puede ser extraordinariamente buena escribiendo. Pero un abogado necesita algo más que buena escritura.
Necesita conectar: expediente + hechos + pruebas + normativa vigente + jurisprudencia verificable + razonamiento jurídico.
Ese debería ser el verdadero papel de una IA jurídica especializada para abogados. La redacción es solamente la última capa.
Cómo buscamos esa densidad jurídica en Prudencia
En Prudencia compartimos buena parte de la preocupación que refleja el TSJA. No queremos que un abogado utilice IA simplemente para convertir un argumento de una página en cinco páginas aparentemente brillantes.
Queremos ayudarle a hacer exactamente lo contrario: encontrar mejores argumentos y fundamentarlos mejor. Por eso estamos trabajando sobre diferentes capas.
Trabajar con el expediente
El abogado puede aportar documentación y analizar conjuntamente el contexto del asunto.
Investigar en profundidad
Con Deep Research puede abordar cuestiones jurídicas complejas utilizando múltiples fuentes antes de redactar una conclusión.
Priorizar la fundamentación jurídica
Hemos modificado la forma en la que Prudencia interpreta las sentencias para diferenciar los antecedentes de hecho de los fundamentos jurídicos y conceder mayor relevancia a estos últimos cuando se busca doctrina.
Buscar jurisprudencia
El objetivo no es únicamente encontrar sentencias con hechos parecidos, sino localizar resoluciones cuya fundamentación responda realmente a la cuestión planteada.
Verificar las sentencias
Antes de mostrar una referencia jurisprudencial, Prudencia comprueba que la sentencia existe dentro de nuestro corpus y que podemos ofrecer su referencia.
Si no puede verificarla, intenta rehacer la respuesta. Si vuelve a aparecer sin poder comprobarse, se elimina.
Contrastar argumentos
La IA puede utilizarse no solo para construir nuestra posición, sino para encontrar argumentos contrarios, detectar debilidades y preparar mejor la estrategia.
Todo ello permite pasar de utilizar IA como generador de escritos a utilizarla como herramienta de investigación y razonamiento jurídico.
¿Puede una IA conseguir mayor densidad jurídica?
Por sí sola, no. Pero utilizada correctamente puede ayudar enormemente.
Puede analizar más documentación, localizar relaciones que podrían pasar desapercibidas, investigar jurisprudencia, contrastar argumentos y reducir trabajo repetitivo.
El salto importante es dejar de preguntarle: “¿Puedes escribir esto por mí?”
Y empezar a preguntarle: “¿Puedes ayudarme a pensar mejor este problema?”
El TSJA no está diciendo que los abogados deban dejar de utilizar IA
Esta es probablemente la conclusión más importante. La resolución no representa una advertencia contra la inteligencia artificial. Representa una advertencia contra su uso superficial.
De hecho, el propio tribunal reconoce que un uso profesional de estas herramientas puede mejorar las alegaciones y que mejores argumentos obligan también a los tribunales a ofrecer respuestas mejor motivadas. Eso es precisamente lo interesante. La siguiente etapa de la IA jurídica no debería consistir en generar millones de páginas de documentos jurídicos. Debería consistir en conseguir más Derecho por página.
Conclusión: menos brillantez artificial y más densidad jurídica
La frase del TSJA debería convertirse casi en una regla para cualquier abogado que utilice inteligencia artificial: la brillantez sintáctica nunca puede sustituir a la densidad jurídica.
La solución no es dejar de utilizar IA. Es utilizarla mejor. Primero expediente, después hechos y pruebas, después normativa, jurisprudencia verificable, después contraargumentación, estrategia y, solo entonces, redacción.
Ese es también el enfoque que defendemos en Prudencia: utilizar una IA jurídica especializada no para escribir más, sino para investigar mejor, razonar mejor y construir argumentos jurídicos más sólidos.
Porque quizá el futuro de la inteligencia artificial para abogados pueda resumirse en una idea muy sencilla: menos páginas generadas por IA y más densidad jurídica en cada página.
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